El día después


Entre los continuos recuerdos que me han venido a la mente estos días de confinamiento obligatorio, me resaltan los comentarios de Yuval Noah Harari sobre las epidemias. Este autor tuvo un éxito mundial por su libro Homo Deus, que acertadamente subtitula “Breve historia del mañana”. Sigue siendo muy citado en la actualidad. Sin embargo, las tesis del libro son al menos controvertidas, y las expongo a continuación. La primera es que “en los albores del tercer milenio, la humanidad se despierta y descubre algo asombroso. La mayoría de la gente rara vez piensa en ellos, pero en las últimas décadas hemos conseguido controlar la hambruna, la peste y la guerra”. Como consecuencia, “no necesitamos rezar a ningún dios ni a ningún santo para que nos salve de ellos. Sabemos muy bien lo que es necesario hacer para impedir el hambre, la peste y la guerra…, y generalmente lo hacemos con éxito”.

Creo que nadie haría estos días esta afirmación, porque sería de mal gusto, aunque tampoco estamos en la década de 1330, cuando surgió en algún lugar de Asia oriental un brote epidémico llamado Peste Negra, que se extendió rápidamente por toda Asia, Europa y el norte de África. Murieron entre 75 y 200 millones de personas. Tampoco estamos en enero de 1918, sometidos a la “gripe española”, que mató entre 50 y 100 millones de personas en menos de un año, más que la Primera Guerra Mundial que acababa de terminar.  La ciencia cuenta con más recursos que la mera suerte, y que los médicos, cada año que pasa, acumulan más y mejores conocimientos, que utilizan con el fin de elaborar medicamentos y tratamientos más eficaces. Es verdad. La realidad, sin embargo, es que el mundo se ha detenido por un espacio de tiempo que nadie puede determinar a ciencia cierta, como efecto de una partícula invisible. La mejor defensa, por el momento, es no salir de la propia casa, actitud poco airosa para una humanidad como la que describe Harari.

Pero la cosa no acaba ahí. El autor nos explica que haber superado el hambre, las pestes y las guerras, “nos sitúa como bomberos en un mundo sin fuego y por tanto, en el siglo XXI, la humanidad necesita plantearse una pregunta sin precedentes: ¿qué vamos a hacer con nosotros? En un mundo saludable, próspero y armonioso, ¿qué exigirá nuestra atención y nuestro ingenio?…¿Qué harán durante todo el día científicos, inversores, banqueros y presidentes? ¿Escribir poesía?” La pregunta es insólita, pero la respuesta que nos dará es más insólita aún. Nos dice que en el siglo XXI es probable que “los humanos hagan una apuesta seria por la inmortalidad”, o “probablemente el segundo gran proyecto de la agenda humana será encontrar la clave de la felicidad” o “los humanos tratarán en realidad de ascender a dioses”. ¿Cómo será posible conseguir estos objetivos? Según Harari, se pueden seguir cualquiera de estos tres caminos: ingeniería biológica, ingeniería ciborg e ingeniería de seres no orgánicos. Creo que los primeros sorprendidos ante semejante futuro serán los ingenieros. Parece que el problema que nos aguarda es no saber qué hacer con tanto poder.

Homo Deus y su “Historia del mañana” tiene puntos en común con la Biblia y su “Historia del Pasado”. Sin que el autor lo haya buscado, trata los mismos temas. La Biblia narra cuándo el hombre perdió la inmortalidad con la que fue creado. Y cómo perdió su felicidad original. Y vincula ambos hechos con el momento en que el Diablo (representada por la serpiente) dijo a la mujer: “No moriréis en modo alguno; es que Dios sabe que el día que comáis de él (el árbol del bien y del mal) se os abrirán los ojos y seréis como Dios”. El Homo Deus, ni más ni menos. Y a partir de aquel momento, entró la muerte y el mal en el mundo. Pero Dios no dejó de ayudar al hombre y salvarlo de la miseria en que se metió.

Por eso mañana volveremos a salir a la calle. Habremos superado una etapa más de nuestra historia. Los científicos encontrarán el modo de detener la pandemia, elaborarán la vacuna y el hombre habrá vencido otra vez. Pero hagamos que quienes sepan rezar, lo hagan; cada uno como lo sienta. Será una señal de realismo, un modo de mantener los pies sobre la tierra, y sentirnos seguros: habrá sufrimiento pero saldremos, porque ese el plan de Dios. Lo ha venido haciendo desde el Origen. Y así, con la ciencia y la ayuda de Dios hemos llegado al siglo XXI. 


Juan Carlos Carrasco
Ingeniero Industrial Mecánico
Master en Gobierno de Organizaciones

Artículo aparecido en el diario El Observador de Montevideo el 23 de abril de 2020.